Secuela de Nick Carter, Master Detective (1939) en la que el detective privado es enviado a investigar unas misteriosas explosiones en un barco en Panamá. Más allá de que Jacques Tourneur ya muestra su habilidad con las sombras, los contrastes de la fotografía y el dibujo de los personajes, es poco lo que se puede extraer del material. El principal inconveniente es que sabemos de antemano todo lo que va a pasar. No hay misterio. Y el protagonista resulta muy poco convincente.
