Giallo en el que un policía retirado investiga unos asesinatos que conciernen a la familia del embajador de Holanda en Dublin. El cine gótico de Riccardo Freda se siente más cómodo en los castillos y los cementerios que en las calles y los departamentos modernos. Igualmente la película tiene sus atractivos (más allá de los golpes gore): el uso del color rojo irreal en uno de los asesinatos y el clímax en la naturaleza.
